sábado, 12 de julio de 2014

El desastre del mar Aral

El mar Aral es tristemente famoso por una de las tragedias ambientales más importantes de la historia. Hace décadas que los soviéticos alteraron su régimen hidrológico para poner en regadío millones de hectáreas de arroz y algodón. Desde entonces, el mar Aral no ha dejado de secarse. Hoy echamos mano de unas espectaculares imágenes de la NASA para observar su evolución y lo crítico de su estado.   





Esta foto lo dice todo. Imagina que vas caminando por el desierto y ves una manada de camellos al lado de un barco pesquero varado en la tierra. 

La pregunta parece inevitable: ¿qué hace este barco aquí?

Curiosamente, en este caso la pregunta está completamente fuera de lugar. En realidad debería ser algo así como "¿qué hacen estos camellos aquí? Se supone que esto era un mar..."

El mar Aral

El mar Aral era un gran lago interior situado en las estepas de Asia Central: un lago tan grande que su superficie original equivalía aproximadamente a la de Castilla-La Mancha. O, lo que es lo mismo, a la superficie conjunta de la Comunidad Valenciana, Murcia, Asturias, Navarra, Madrid, Canarias y País Vasco. 

Desde luego, no era pequeño.

Podríamos plantearnos cómo es posible que hubiese un mar así de grande en pleno desierto. No olvidemos que en esta parte del mundo llueve muy poco y las temperaturas en verano se acercan a los sesenta grados...

El mar Aral se sitúa entre las republicas ex-soviéticas de Kazakhstan y Uzbekistan. Es el lago que queda a la derecha del mar Caspio. Si pulsas sobre la imagen para hacerla más grande verás que hay dos ríos que alimentan el mar Aral: el Amu Darya y el Syr Darya.
 
Es cierto. La naturaleza a veces nos sorprende, pero todo tiene su explicación: hemos de tener en cuenta que el desierto de Asia Central se encuentra al pie de la parte más occidental de la cordillera del Himalaya, región de nieves perpetuas. El deshielo de las montañas que sirven de frontera natural entre las repúblicas ex-soviéticas y la China da lugar al nacimiento de dos ríos caudalosos: el Amu Darya y el Syr Darya. Son ríos endorreicos, es decir, en vez de desembocar en el océano cruzan el desierto para ir a parar a una enorme hondonada en el terreno en pleno continente asiático. Y esa hondonada es lo que conocemos como mar Aral. 

Aunque las temperaturas son elevadas y la evaporación enorme, el aporte de los ríos al mar es lo suficientemente grande para que este no se seque. De hecho, en condiciones naturales lo de secarse no era una opción: estamos hablando de un mar tan grande que era capaz de producir un sexto de las capturas de peces de toda la Unión Soviética (y a la Unión Soviética no le faltaban precisamente kilómetros de costa...)

Y sin embargo ahora está muy cerca de secarse por completo. Mira estas imágenes de satélite que nos proporcionan nuestros amigos de la NASA:

En los últimos quince años el mar Aral no ha dejado de reducirse, hasta el punto de casi haberse secado completamente. La linea gris que hay en la mitad derecha de la imagen delimita el contorno original del lago. Muchas de las manchas blanquecinas son depósitos de sal: al evaporarse las aguas por efecto del calor, las sales disueltas precipitan y forman costras sobre el terreno, lo que hace que esa tierra quede completamente inutilizada para casi cualquier propósito.



 
¿Por qué se está secando el Aral?

La respuesta rápida es "por la mano del hombre". Como verás a continuación, en realidad el proceso físico es bastante fácil de entender, pero para ponerse en situación hay que retroceder algunas décadas.

Allá por los años cincuenta del siglo pasado toda esta región era territorio de la Unión Soviética. En aquellos años, el gobierno comunista decidió poner en marcha un macroproyecto de riego para cultivar algodón —el "oro blanco" en pleno desierto. Se cultivarían además grandes superficies de arroz alimento típico por excelencia en las culturas asiáticas y otros productos agrícolas en proporción minoritaria.

El método tradicional de riego de cultivos como el algodón o el arroz es la inundación. Se trata por tanto de cultivos con un consumo hídrico muy elevado. La demanda de agua se exacerba en climas secos, puesto que hay que aportar mucha para contrarrestar la elevada tasa de evaporación. Aun así, son relativamente habituales en regiones áridas (la foto corresponde a un cultivo de algodón en Australia).



El algodón es lo que se conoce como un "cultivo industrial", y su rendimiento económico es elevado. Es especialmente útil en la industria textil —es muy posible que ahora mismo lleves puesta alguna prenda de algodón, pero sus fibras también se utilizan para fabricar jabones y pólvora, combustibles, cosméticos e incluso papel moneda. Además, se da la circunstancia de que tiene muy poco desperdicio sobre la cantidad recogida: es decir, se aprovecha casi todo. Todo ello explica por qué los soviéticos tenían tanto interés en este proyecto.

Tanto el algodón como el arroz demandan grandes volúmenes de agua, puesto que se riegan por inundación. Teniendo en cuenta que el clima de la zona es muy seco, el macroproyecto de riego que proponían los soviéticos precisaba de fuentes de agua prácticamente ilimitadas. Así las cosas, se fijaron en los dos grandes ríos de la zona y se pusieron manos a la obra.

Pronto construyeron una intrincada red de miles de kilómetros de canales para desviar las aguas de los ríos hacia las tierras de cultivo. Los canales no tenían revestimiento alguno, y las aguas viajaban cientos de kilómetros en algunos casos. Así, al consumo de las plantaciones había que sumarle las pérdidas por evaporación e infiltración que se producían durante el trasvase. 

A principios de los años sesenta, el volumen anual transferido de los ríos alcanzaba ya los sesenta kilómetros cúbicos (como referencia diremos que este volumen es aproximadamente seis veces el consumo anual de agua en toda España en la actualidad, incluyendo uso urbano, uso industrial y regadío).

El balance hidrológico de un lago es tan sencillo como el balance de una cuenta corriente. Si entra menos agua de la que sale, el lago se seca; exactamente igual que si yo gasto más de lo que ingreso mi cuenta corriente se vacía.

Y eso es precisamente lo que pasó.

Las consecuencias  

Poco a poco, el nivel del lago fue bajando. Al principio fue más gradual, con descensos del nivel del agua unos 20 cm anuales en los sesenta. En la década de los setenta los descensos llegaron a los 60 cm anuales, incrementándose aún más en los ochenta (85 cm). Mientras, la extracción de agua de los ríos se duplicó entre 1960 y el año 2000. Con ella se duplicó la producción de algodón, lo que llegó a convertir a Uzbekistán en el principal exportador mundial de algodón a principios de los noventa. Hoy en día el algodón sigue siendo muy importante para este país, que se mantiene entre los diez primeros productores y exportadores mundiales.


Más fotos de barcos, desiertos y camellos. La desecación del mar Aral supuso la muerte de su industria pesquera y de sus astilleros, donde se construían algunos de los buques de la marina soviética. No es ningún secreto que el gobierno sabía de antemano lo que iba a pasar. Sin embargo, la conciencia ambiental en aquél momento era nula —no solo en Rusia, sino en todo el mundo— y los conceptos de opinión pública o protesta ciudadana, inexistentes. Como las prioridades económicas del régimen pasaban por la producción de algodón, se abandonó todo lo demás. Así de sencillo.

La orilla se fue retirando hacia el interior y poblaciones que antes tenían costa pasaron a estar localizadas a muchos kilómetros del agua. Con el descenso de nivel, el mar también se fue compartimentando en cuerpos de agua más pequeños, hasta el punto de que hoy se habla del "lago norte" y el "lago sur".

Otra consecuencia ambiental importante es el incremento de la salinización del mar. En la naturaleza es muy raro encontrar agua "pura": las aguas de ríos y acuíferos llevan sales disueltas como consecuencia de haber entrado en contacto con especies solubles a su paso por la atmósfera y la superficie terrestre. El Amu Darya y el Syr Darya no son una excepción, si bien son ríos de montaña que llevan concentraciones de sales muy pequeñas.

El agua puede evaporarse, pero las sales no. Estas últimas precipitan cuando el agua pasa a estado gaseoso. En el mar Aral, sujeto a elevadas tasas de evaporación, la salinidad tiende a incrementarse naturalmente con el tiempo: de ahí que el Aral se conociese dese siempre como "mar" —igual que el mar Caspio o el mar Muerto. Se trata de un proceso lento y gradual, que ocurre a escala de miles de años, y que puede hacerse reversible durante épocas de grandes avenidas.

Me explico: si disminuye el volumen del mar, tenemos menos agua para el mismo contenido de sales. Esto quiere decir que la concentración de sal se incrementa. Así, la detracción de agua de los ríos aceleró enormemente la tasa natural de salinización del mar. Sirvan como muestra estos datos: tras milenios de salinización natural, la concentración de sal en las aguas del mar Aral era de unos 10 gramos por litro (como referencia: la de los océanos oscila entre 15 y 30 g/l). En las décadas posteriores al trasvase, la concentración salina se multiplicó, incrementándose hasta unos 50 g/l a finales de los noventa y a más de 100 g/l en 2007.

Lejos de tratarse de un simple número, la concentración salina incide enormemente sobre el equilibrio ecológico. Las especies más sensibles de fauna y flora desaparecieron, alterando el ecosistema y llevando a la desaparición de especies más robustas.
 
Este monumento de hormigón se encuentra en la localidad de Moynoq (Uzbekistán). Se construyó a la orilla del mar Aral en los años sesenta. Hoy la línea de costa está a unos 90 kilómetros de este lugar.
A medida que zonas enteras del mar se secan, la sal precipita sobre el terreno, dando lugar a suelos infértiles. De esta manera, el entorno de las escasas zonas que hoy permanecen inundadas es hoy tierra baldía. Durante años, estas tierras se utilizaron para pruebas militares —con la consecuente deposición de materiales tóxicos—, al tiempo que se convertían en el depósito natural los fertilizantes y pesticidas que se lavaban de las zonas agrícolas de alrededor.

Las consecuencias socio-económicas del macroproyecto de regadío también fueron importantes. Poblaciones como Moynoq —ver la foto— eran centros de industria pesquera habitados por decenas de miles de personas. Con el desastre ambiental llegó el desastre económico, hasta el punto de que muchas de estas ciudades son hoy prácticamente pueblos fantasma.


En esta imagen se aprecia bien la evolución de la superficie encharcada del lago desde su estado natural hasta prácticamente el día de hoy. Fíjate en la ubicación de Moynoq, que en tiempos estuvo en la misma desembocadura del río Amu Darya y que hoy está a casi un centenar de kilómetros del lago.

Las consecuencias sobre el clima la salud de la población también fueron importantes. Las grandes masas de agua tienen la capacidad de moderar las temperaturas: el agua se calienta y enfría más despacio que el aire, lo que hace que se convierta en una fuente de
—relativo calor cuando el tiempo se enfría y de temperatura más fresca cuando el sol calienta. Por otra parte, la humedad reduce el potencial de que se generen las tormentas de polvo propias de climas secos. Con la retirada de la línea de costa, estas últimas pasaron a ser mucho más frecuentes, con el agravante de que no levantaban polvo "limpio", sino cargado de tóxicos derivados de los restos químicos almacenados en el suelo.

Se estima que las tormentas de polvo tóxico son una de las causas principales de las enfermedades respiratorias —tuberculósisque en esta zona se dan en proporción superior a la media. También parecen estar detrás de la elevada mortalidad infantil y tasa de abortos naturales, así como de la incidencia de cáncer y diversos desórdenes digestivos.

El futuro 

Si el otro día hablábamos de un proyecto de desarrollo insostenible que quizá un día se torne sostenible, hoy hemos hecho referencia a algo que no se sostiene de ninguna manera. Es verdad que mucha gente en Uzbekistán sigue viviendo del algodón, pero no menos cierto es que el gran proyecto soviético ha dejado demasiados cadáveres por el camino como para hacer hincapié en el lado bueno de las cosas.

Hace años que existen diversas comisiones internacionales relacionadas con el mar Aral, sin que se aprecien grandes progresos hasta la fecha. Sí parece que la parte kazaja del mar Aral —lo que hoy se conoce como "lago norte"— ha experimentado una cierta recuperación en  los últimos dos o tres años. Esto se debe por un lado a la mejora de las infraestructuras de regadío y por otro a la construcción de una presa que ayuda a retener algo más de agua en su interior (la presa Kok-Aral, que se ve en la imagen anterior). Por su parte, el "lago sur" sigue sin tener un plan de regeneración que arroje un halo de esperanza a largo plazo.